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José Filgueira Valverde

D. José Fernando Filgueira Valverde nació en Pontevedra el 28 de octubre de 1906 y murió en la misma ciudad (y en la misma casa en la que había nacido) el 13 de septiembre de 1996. Se licenció en Derecho por la universidad de Santiago de Compostela, y en Filosofía y Letras (sección de Historia) por la de Zaragoza.

En su etapa de estudiante universitario, participó en la fundación (en 1923) del Seminario de Estudos Galegos, en el que dirigió la sección de Historia de la Literatura y del que posteriormente sería director honorífico. Años después, cuando el CSIC promueve la recuperación de ese desaparecido Seminario bajo la forma de Instituto Padre Sarmiento de Estudios Gallegos, Filgueira se ocupa de la sección de Historia del Arte, y es nombrado director del mismo en 1972.

Esa actividad de su etapa universitaria estaba directamente relacionada con su militancia en el Partido Galeguista, si bien en mayo de 1935 encabezó una escisión del mismo, seguido por un grupo de militantes pontevedreses, organizando una Dereita Galeguista.

Su prolongada y prolífica vida lo convierte en uno de los eruditos más destacados del siglo XX, aunque su actividad no se redujo en modo alguno al estudio y la investigación. Inició su labor docente en 1928 en el Instituto de Enseñanza Media de Pontevedra y pasó fugazmente por el Instituto Balmes de Barcelona (en el que obtuvo una cátedra en 1935) y el de Melilla, del que pasó a Lugo (donde ejerció durante cinco años) para retornar definitivamente a Pontevedra. Allí fue nombrado director de «su» Instituto en 1946, y permaneció en el cargo hasta su jubilación en 1976, compatibilizándolo con su puesto de alcalde de la ciudad entre 1959 y 1968, y con la dirección del Museo de Pontevedra a partir de 1940 (hasta 1986, aunque continuó colaborando activamente en él hasta su muerte).

Tras las primeras elecciones al Parlamento Galego (1981), fue designado Conselleiro de Cultura, cargo que desempeñó entre 1982 y 1983 y desde el que contribuyó a la creación del Consello da Cultura Galega, organismo que presidiría con posterioridad, desde 1990 hasta su muerte.

De las actividades y puestos que acabamos de mencionar, el más duradero es, sin duda, el que lo vincula al Museo de Pontevedra, fundado en 1927. Desde el principio, Filgueira estuvo estrechamente unido al grupo que promovió su creación, con la intención de dar continuidad al fecundo trabajo realizado por la Sociedad Arqueológica de Pontevedra, por lo que no extraña que hubiese sido nombrado Secretario del Patronato fundacional, constituido formalmente el 30 de enero de 1929 e integrado por personalidades como Daniel de la Sota, Casto Sampedro, Castelao, Losada Diéguez o Sánchez Cantón. Su actividad incansable contribuyó sobremanera a que el Museo disponga hoy de magníficas colecciones (algunas de ellas únicas), muy bien estructuradas en edificios nobles y céntricos, que lo convierten en un referente cultural y científico imprescindible en varios ámbitos.

La bibliografía completa de Filgueira puede verse en el volumen Ó Dr. Filgueira Valverde nos seus noventa anos (1906-1996). Bibliografía. Traballos. Eloxios, ed. preparada por Mª Jesús Fortes Alén, Caixa de Aforros de Pontevedra, Pontevedra, 1996. En él puede apreciarse cómo la inclinación de Filgueira Valverde hacia la creación literaria dio frutos tempranos: Os nenos, una serie de textos breves en los que cada uno de los protagonistas evoca incidentes de su infancia, apareció ya en 1925. Sus obras en prosa, como las de otros escritores de la época, tratan casi siempre motivos populares desde presupuestos culturales, buscando un equilibrio entre ambos elementos. Escribió también teatro (Agromar, de 1936, es una pieza para niños) y poesía, en la que sus Seis canciones del mar in modo antico (1941) lo vinculan claramente al movimiento neotrovadoresco (al que también se adscriben Bouza Brey, Cunqueiro y Álvarez Blázquez). Completan esta actividad sus numerosísimas colaboraciones periodísticas, recopiladas en varios volúmenes posteriores, sobre todo en las nueve entregas de Adral, que contienen artículos de alcance y significación diferentes, pero siempre llenos de erudición y entusiasmo.

Sus investigaciones filológicas comienzan en la década de los 20 y lo ocupan ya el resto de su vida. Su tesis doctoral (defendida en Madrid en 1935) versó sobre una de las más célebres Cantigas de Santa Maria, la CIII, aquella que tiene por protagonista a San Ero de Armenteira, y a ella dedicó (además del libro que recoge la tesis) años y artículos varios, que lo convirtieron en una autoridad reconocida en la materia, de tal modo que su nombre comenzó a ser un referente obligado en todos los eventos y publicaciones que se ocuparon del Rey Sabio y de su obra. Recordemos aquí tan sólo el convite a colaborar en la edición facsimilar que publicó Edilán del llamado Códice Rico de las CSM (Escorial, T.I.1), para la que Filgueira redactó el estudio introductorio, además de ocuparse de la transcripción del texto, de la versión castellana del mismo y de los comentarios; o sus reflexiones sobre los motivos que pudieran explicar el desapego por Santiago y por Galicia que Alfonso X muestra en su cancionero marial.

Fue pionero, en Galicia, en las investigaciones sobre las cantigas trovadorescas: desde sus primeras aportaciones, demuestra claramente estar al tanto de lo que se publicaba sobre lírica medieval (Gaston Paris, Theóphilo Braga, Alfred Jeanroy...), algo que representa casi una novedad en el panorama gallego y que se explica, muy probablemente, por el magisterio que sobre él ejerció D. Armando Cotarelo Valledor (director de su tesis doctoral), quien ya en 1904 había publicado la Memoria que presentó a las oposiciones a la Cátedra de Lengua y Literatura Españolas de la Universidade de Santiago de Compostela, sobre la cantiga mariana que lleva el número 5 en la compilación alfonsina (la leyenda de Sor Beatriz), y quien, en 1929, empezaría a sacar de la imprenta su edición de Pai Gómez Chariño. En aquellos años 20, la obra de los trovadores gallego-portugueses era ya conocida por la comunidad científica internacional, sobre todo en Alemania, Italia y Portugal, pero en Galicia, en los primeros momentos, sólo cabe destacar intentos como el de Antonio de la Iglesia por dar a conocer en El Idioma gallego (1886) una selección de cantigas, así como la aparición de estudios sobre cuestiones puntuales, preferentemente de carácter histórico o documental (como los de Antonio López Ferreiro o Andrés Martínez Salazar); y se insinúan tímidas aproximaciones de carácter estético o incipientemente crítico en el entorno de la Real Academia Gallega y del Seminario de Estudios Gallegos, que tratan de difundir algunas piezas, especialmente aquellas de tipo más «popularizante» (con una atención especial a Martin Codax), a través de la revista Nós.

Filgueira realiza, hasta sus últimos años de vida, un trabajo destacable en la divulgación de la lírica gallego-portuguesa con sus visiones panorámicas de la misma, pero también nos ofrece preciosas puntualizaciones sobre aspectos muy diversos, que van desde precisiones documentales a la atención prestada al papel de Compostela en esta producción lírica o al estudio pormenorizado de muchos elementos formales y retóricos y muchos temas y motivos trovadorescos, en especial los procedentes del folklore tradicional y el acervo popular. Partiendo de un magnífico conocimiento de las composiciones y de la lectura de la crítica científica, y guiado por su finísima intuición, reflexionaba detenidamente sobre géneros, formas, motivos, autores, lengua... para hacernos partícipes de observaciones precisas, así como de atractivas sugerencias de trabajo, y todo ello sin dejar de hacer gala de una extraordinaria generosidad y humildad académicas al presentarlas como propuestas para los investigadores.

Mercedes Brea