Volver

Aurelio Roncaglia

A los 10 años de su muerte, y a los 25 del nacer de nuestra Asociación, me es muy grato, e ingrato a la vez, trazar el perfil iberista de un gran filólogo de fama internacional, Aurelio Roncaglia. Grato porque tuve el privilegio de conocerlo y de formarme con su magisterio; ingrato por sentirme yo totalmente inadecuada, como se reconocen muchos de sus discípulos, para resumir en pocas líneas una vida tan densa e intensa de estudioso, las altas cimas científicas alcanzadas, su inteligencia extraordinaria, su gran saber e inmensa erudición, su personalidad humana severa y rigurosa pero a la vez afable y generosa y dotada de un luminoso y constante sentido del humor. Un genio, que también supo ser un padre para mí.

Fue Miembro de Honor de la AHLM desde 1995, y ante nuestro III Congreso de Salamanca en 1989 nos leyó su plenaria sobre un tema hermoso, «Geografia storica di leggende e fiabe: da Roland a Auberon», que publicó, por tardarse las Actas, entre las páginas de Cultura Neolatina (1996), revista que él dirigió desde 1956 hasta su muerte.

En vida, en ocasión de los 50 años de su licenciatura, sus discípulos romanos le dedicaron un Homenaje de grandes proporciones, con los más bellos nombres de la filología románica mundial y con un reparto ingente de Hispanistas: una Miscellanea en cuatro volúmenes de 1537 páginas, publicada por su editor de siempre, Mucchi (Módena 1989), y encabezada por la «Bibliografia degli scritti di Aurelio Roncaglia» (entradas 1-311) al cuidado de Giuseppina Gerardi Marcuzzo (vol. I, pp. XXI-XL).

En cambio, como homenaje póstumo, su ciudad natal le dedicó una Jornada al año de su muerte (La filologia romanza oggi. Giornata di Studio in onore di Aurelio Roncaglia —Modena, 19 ottobre 2002—, que publicó Mucchi en 2004). Por otra parte fue dedicado idealmente a su memoria el primer número de Cultura Neolatina que ya no pudo salir bajo su dirección (LXII, 2002), encabezado por una Necrológica de Saverio Guida (pp. 5-15) y rematado por una puesta al día de su «Bibliografía» por M[adeleine] T[yssens] (pp. 319-323) que lleva a 359 las entradas. Asimismo fueron muchas las necrológicas que aparecieron en las revistas más conocidas de Filología Románica, como también las obras de Roncaglia que se reimprimieron póstumas, máxime para reunir dispersos imprescindibles, como los trabajos sobre los orígenes de la lengua y de la literatura italiana (Torino, UTET, 2006) o sobre la épica francesa (Roma, Edizioni di Storia e Letteratura, en prensa).

Nació en Módena de una familia de apasionados estudiosos (su bisabuelo Carlo fue provenzalista y su padre Gino fue musicólogo). Se formó en el prestigioso Liceo Muratori de Módena (1927-1935) y cursó la universidad en la famosa Scuola Normale de Pisa (1935-1939) donde discutió una tesis sobre Boccaccio. Más tarde en Roma colaboraría con Giulio Bertoni y con Angelo Monteverdi a partir de 1944.

Tras ganar sus primeros concursos, de 1949 a 1954 fue Profesor en la Universidad de Trieste mientras que de 1954 a 1956 fue Catedrático en la Universidad de Pavía y Profesor Encargado en el Instituto de Paleografía Musical de Cremona. En Pavía tuvo su primer discípulo hispanista: Giovanni Caravaggi, que dejaría marcado con su sello. A partir de 1956 volvió a Roma donde le sucedió a Angelo Monteverdi en la cátedra de Filología Románica y en la dirección tanto del Istituto di Filologia Romanza como de las publicaciones que aquél coordinaba (la revista Cultura Neolatina y la colección «Studi, testi e manuali»). Fundó el nuevo Dipartimento di Studi Romanzi (1981) y estrenó el primer Doctorado italiano en Filología Románica e Italiana (1984). En años anteriores había fundado la serie de los Subsidia al Corpus des troubadours y la colección Officina Romanica. Fue Doctor Honoris causa en la Universidad de Liège (Bélgica, 1987). Dio cursos y conferencias en numerosas universidades italianas y extranjeras (entre otras, en la McGill University de Montréal, en la Universidade de Lisboa, y hasta en universidades japonesas). En 1992 dejó la Universidad italiana y fue nombrado Emérito de «La Sapienza», pero siguió presidiendo la Unione Accademica Nazionale y trabajando activamente en otras incumbencias.

Fue miembro de muchísimas asociaciones y sobre todo de instituciones y academias de gran prestigio (de algunas fue presidente, y en varias organizó Simposios y Congresos), a saber: Accademia Nazionale di Scienze, Lettere ed Arti di Modena, Centro di Studi Muratoriani, Deputazione di Storia Patria per le Antiche Province Modenesi, Società Filologica Romana, Arcadia, International Society of Courtley Literature, Commissione per i testi di Lingua, Societas Japonica Studiorum Romanicorum, Real Academia de Buenas Letras de Barcelona, Academia Româna de Bucarest, Academia das Ciências de Lisboa, Académie des Inscriptions et Belles-Lettres de l'Institut de France, Académie Royale de Belgique, Académie Européenne des Sciences des Arts et des Lettres, Accademia Nazionale dei Lincei, Unione Accademica Nazionale y Union Académique Internationale.

En su extensa bibliografía se ocupó, con gran curiosidad intelectual y afán de investigación, de casi todas las lenguas y literaturas románicas: la provenzal, la francesa, la italiana, la española y la portuguesa de la Edad Media y del Renacimiento, si bien sus temas más estudiados fueron los trovadores provenzales (Marcabrú), la épica francesa (Chanson de Roland), el Tristan de Thomas, los orígenes de la literatura italiana, la métrica, y la lingüística (ya sea de sendas palabras ya sea de conjunto, como los dos manuales sobre la lengua de los trovadores, d'oc y d'oïl, respectivamente de 1965 y de 1971, que se suman a su importante antología Le piú belle pagine delle letterature d'oc e d'oïl, 1961, reed. 1973).

Fue un gigante de saberes panrománicos, y no meramente sectoriales. Sus estudios le han merecido innumerables reconocimientos y le han vuelto famoso en todo el mundo, por marcar un hito también en la historia de las ideas y de la cultura. Nos mostró una Edad Media que lejos de ser oscura, primitiva y burda, fue una época brillante de cultura y de primeras cortes literarias y sobre todo fue el embrión y el futuro núcleo de nuestra identidad occidental. Nos entregó a la par una Filología Románica como eslabón imprescindible entre las Filologías Clásica y Moderna. Y nos enseñó, sobre todo, a editar los textos, con su ejemplo y su magisterio de constante atención al texto y a su restauración, con inteligencia y racionalidad, con competencia lingüística e histórica del contexto, con hondo conocimiento del usus scribendi del Autor, con pronta capacidad de reconocer los loci critici y de proponer la enmienda más económica y racional en cada caso, y conjugando la Filología con la Historia, con la Geografía, con el Folklore, con la Herencia Clásica, con el Léxico y la Lingüística, y con un profundo y convencido europeísmo.

Dejó páginas magistrales, por rigor y claridad, precisamente en tema de Crítica Textual, como su breve manual para un curso universitario de 1975-76, Principi e applicazioni di critica testuale, publicado por Bulzoni (Roma 1975), reeditado varias veces y muy popular entre españoles que en años recientes pasaron a ocuparse de edición de textos según el método neo-lachmanniano. En dicho manual son muchos los ejemplos (o «applicazioni») de campo ibérico, como los códices alfonsíes, el pergamino Vindel, los cancioneiros galaico-portugueses, los supuestos «cantos de ledino» (que hay que leer más bien como: «[cantou] cantos d'ele dino»), y La Celestina con su difficilior «seleucal», junto con varios más. Otras entregas memorables en tema de crítica textual son «Corrections par hapax» (leída en Santiago en 1989) y «Correzioni imposte dalla struttura» (leída en 1993).

Su iberismo, por otra parte, fue un amor constante del principio al fin de su carrera. Fue uno de los protagonistas de la animada discusión sobre las Jarchas, gran novedad filológica de los años 50 que de pronto volvía increíblemente actuales viejas tesis como 'origen popular', o 'tesis árabe' vs 'tesis litúrgica o mediolatina', o 'individualismo' vs 'neotradicionalismo'. Roncaglia fue uno de los primeros, con Dámaso Alonso, en llamar la atención de los filólogos y de los arabistas sobre el alcance del gran descubrimiento de 1948. Discutió al respecto con Ramón Menéndez Pidal en el famoso Convegno Volta (Roma, Accademia dei Lincei, 1956), defendiendo el origen culto y urbano de los textos, y sobre el tema dejó publicados una serie de trabajos capitales: «Novità sulle origini della lirica romanza» (1951), «Di una tradizione lirica pretrovatoresca in lingua volgare» (1951), «Il mito delle 'origini popolari' e la scoperta di tradizioni medievali popolaresche» (1952), «La lirica arabo-ispanica e il sorgere della lirica romanza fuori della penisola iberica»

(Convegno Volta, 1956), «Il primo capitolo nella storia della lirica europea» (1973), «Gli Arabi e le origini della lirica neolatina» (1977), «Il verbum dicendi garrire nelle kharagiat mozarabiche» (1981), que culminaron en la bella y atinada antología Poesie d'amore spagnole d'ispirazione melica popolaresca. Dalle Kharge mozarabiche a Lope de Vega (Módena, Mucchi, 1953). Y sin olvidar, a la par, sus importantes estudios sobre la estrofa zejelesca que empezaron a publicarse al albor del descubrimiento: «'Laisat estar lo gazel' (contributo alla discussione sui rapporti tra lo zagial e la ritmica romanza)» (1949), «Muratori e la tesi araba sulle origini della ritmica romanza» (1951), «Nella preistoria della lauda: ballata e strofa zagialesca» (1962), «Da Avicebron a Jacopone» (1981), «Sequenza adamiana e strofa zagialesca» (1992), etc.

Otra faceta de su iberismo fue la lírica galaico-portuguesa sobre la que nos dejó importantes entregas, como «Glanures de critique textuelle dans le domaine de l'ancienne lyrique galego-portugaise: le 'pardon' de la Balteira et le 'casamento' de la Tendeira» (leída en un Coloquio de crítica textual portuguesa, París 1981) y «Ay flores, ay flores do verde pino!» (Hom. Rodrigues Lapa, 1984).

Les acompañan varios estudios de toponimia ibérica, comenzando por la ya citada «Geografia storica» donde en cantares épicos franceses (Roland y Auberon) identifica nombres de la Península, como Nobles=Nobres cerca de Montemór-o-Velho, Commibles=Coimbra, Cordre=Córdoba, Sevilie=Sevilla, a los que se añaden trabajos sobre Durestant=estuario del Duero (1990), o sobre la aclaración del enigmático «Sarraguce, ki est en une muntaigne» (1959), o «Ècci venuto Guido'n Compostello? (Cavalcanti e la Galizia)» (leído en Santiago en 1993), o el más reciente «Viaggio a Costantinopoli, in Portogallo» (Hom.Tavani, 1997).

Y no faltan los estudios lingüísticos sobre sendas palabras, como «Sorrabar» en Pero Garcia Burgalés (1995), o sobre el criollo luso-español que se habla en Curaçao en «L'effondrement de la quantité phonologique latine» (leído en Palma de Mallorca en 1980), o incluso sobre el étimo de pícaro y sobre el origen español de una cita de Marcabrú («Due schede provenzali per gli amici ispanisti: I. Un albero che ha radici in Ispagna. II. Picarel», 1966).

Tampoco faltan las incursiones en la literatura portuguesa de época renacentista, con una sobre el marido celoso (Concelos) del Auto da India de Gil Vicente («Valore e giuoco dell'interpretazione nella critica testuale», 1961) y con tres de capital importancia sobre Camões: «I Lusiadi di Camões nel quarto centenario» (1975), «Os Lusíadas de Camões: ut pictura poësis» (1975), y «Couleurs de peinture et couleurs de rhétorique dans la poésie lyrique de Camões» (1981).

Y no faltan en sus publicaciones las reseñas de libros de tema ibérico, las voces de enciclopedia (como la del Poema de Mío Cid para la Enciclopedia Europea de Garzanti, 1979), los prólogos a libros de medievalistas (como el de Jole Scudieri Ruggieri, Cavalleria e Cortesia nella vita e nella cultura di Spagna, 1980), o las intervenciones de tema histórico (como la del Coloquio «Potere ed élites nella Spagna e nell'Italia spagnola nei secoli XV-XVII», 1979).

Por último, su constante iberismo a lo largo de su carrera también se puso de manifiesto en la calurosa acogida que les dio, entre las páginas de Cultura Neolatina que dirigió por 35 años, a muchos trabajos de hispanistas, lusitanistas, catalanistas, o romanistas que se ocupaban de temas de la Península, en su mayoría miembros de nuestra AHLM (entre otros, en los últimos años de su dirección, y en orden alfabético: Carlos Alvar, Stefano Arata, Stefano Asperti, Gemma Avenoza, Vicente Beltrán, Letizia Bianchi, Hugo Óscar Bizzarri, Patrizia Botta, Mercedes Brea, Miriam Cabré, Giovanni Caravaggi, Paolo Cherchi, Marcella Ciceri, Stefano Cingolani, Juan Carlos Conde, Pierluigi Crovetto, Giovanni Battista De Cesare, José Manuel Díaz de Bustamante, Martín Duffel, Mario Eusebi, Anna Ferrari, Celso Ferreira da Cunha, Elvira Fidalgo, Elsa Gonçalves, Paloma Gracia, Santiago Gutiérrez García, Marta Haro, Víctor Infantes, Jacques Joset, Elisa Lage Cotos, Giulia Lanciani, Lucia Lazzerini, José Manuel Lucía Megías, Salvatore Luongo, Joan Martí y Castell, Tomás Martínez Romero, Víctor Millet, Margherita Morreale, Yorio Otaka, Marco Presotto, Josep Pujol, Maria Ana Ramos, Isabel de Riquer, Martín de Riquer, José Luis Rivarola, Antoni Rosell, Emma Scoles, Dorothy Severin, Lourdes Soriano, Giuseppe Tavani, Jaume Turró, Gemma Vallín, a los que se sumaron, bajo la nueva dirección y en la misma senda, otros medievalistas como Josep Antoni Aguilar Ávila, Ana Alberni, Francisco Bautista, Luis Cabré, Francisco Crosas, Alfonso D'Agostino, Aviva Garribba, Monserrat Lluch Juncosa, José Luis Martos, Giuseppe Mazzocchi, Juan Paredes, Olga Perotti, Oriana Scarpati), que se sintieron todos, en la Revista, como en su propia casa o en su familia, admitidos por un pater-magister que siempre leyó los originales con suma atención filológica antes de dar el visto bueno, y que siempre sugirió enmiendas y mejoras (geniales) a todo lo que publicaba. Nuestra AHLM, amén de la Revista de Literatura Medieval, por largos años también ha tenido su cauce de publicaciones entre las pàginas de Cultura Neolatina, dirigida con maestría filológica por Aurelio Roncaglia.

Patrizia Botta