Erich von Richthofen
(1913-1989)

Erich von Richthofen nació el 8 de mayo de 1913 en Hirschberg, Silesia (hoy conocido como Jelenia Góra) pero su familia se trasladó a Berlín después de la Primera Guerra Mundial. De joven rondaba por la galería de arte de sus padres donde adquirió un gusto por los artes. También disfrutó del mundo del teatro y de la ópera, haciendo papeles de supernumerario junto con su hermano mayor. Quizás fueron en estos años cuando empezó a interesarse en la literatura, la historia medieval y los temas épicos. Entre 1933 y 1936 viajó a París, Ginebra, Londres, Copenhague, Estocolmo, Reykjavík y Roma, a la vez estudiando en Venecia y Madrid, en el Centro de Estudios Históricos, donde aprovechó la enseñanza de Ramón Menéndez Pidal. De vuelta a Alemania, siguió estudiando en Hamburgo, Berlín y Frankfurt del Main. De esta universidad recibió su Dr. Phil. en 1940 con una tesis publicada bajo el título Alfonso Martínez de Toledo und sein Arcipreste de Talavera: Ein kastilisches Prosawerk des 15 Jahrhunderts (Halle: Niemeyer, 1941) escrita bajo la supervisión del gran romanista y lexicógrafo Erhard Lommatzsch. En 1943 acabó con su Dr. Habil. al defender su Studien zur romanischen Heldensage des Mittelalters (Halle: Niemayer, 1944).

Von Richthofen empezó su carrera docente en 1940 como Privatdozent (encargado de cursos) en filología románica en la universidad de Frankfurt y, a partir de 1943 hasta 1956, como Ausserplanmässiger Professor (catedrático libre). En la posguerra europea, como demuestra la correspondencia mantenida entre von Richthofen y Menéndez Pidal y Rafael de Balbín Lucas (CSIC) retenida en los archivos de Chamartín, desde 1947 si no antes, empezó a interesarse en puestos universitarios o empleo como investigador fuera de su país nativo. Para 1948, pregunta a su antiguo maestro: «¿Sabría Vd. acaso de ayudarme a obtener un empleo en España, sea en un instituto o una bibl., sea en una casa editorial?». En un Curriculum del mismo año, dice que «Desde 1 de Abril de 1946 me dedico a investigaciones filológicas particulares». En 1954 pasa un semestre en la Universidad de Chicago como profesor visitante. Vuelve a Alemania para salir de nuevo camino a Canadá donde enseñó en la Universidad de Alberta en Edmonton de 1956 a 1962, seguido por dos años en los Estados Unidos en Boston College. En 1964 regresa a Canadá donde ya se había establecido su hermano. En la Universidad de Toronto pasará el resto de su vida profesional, dictando clases de literatura medieval española e italiana, inspirando tanto a los jóvenes como a doctorandos. Se jubiló de aquella universidad en 1979 para instalarse en una casa acogedora bajo un pino «cidiano» de más de mil años de edad en Vancouver, Canadá. Al deshacer su oficina en Toronto, nos regaló a sus estudiantes su biblioteca, explicando que no hay que aferrarse demasiado a los libros ya que a veces la vida nos obliga a dejarlos atrás.

Hace más de tres décadas que estos queridos volúmenes sirven de memoria de lo mucho que nos enseñó.

En 1977, la producción académica de Erich von Richthofen fue reconocida por la Royal Society of Canada al ser elegido miembro de esta insigne sociedad como «Fellow of the Royal Society of Canada» (FRSC). La misma Royal Society of Canada le concederá la prestigiosa medalla «Pierre Chauveau» en 1985, citando su distinguida aportación a las letras humanísticas.

La contribución académica de Erich von Richthofen encubre más de cuarenta años e incluye unos once libros, más de sesenta artículos y un sinfín de ponencias plenarias y presentaciones como profesor visitante o congresista en muchas partes del mundo. Sólo los títulos de sus libros revelan la amplitud de sus intereses en literatura románica, italiana, francesa, alemana y escandinava pero, sobre todo, española. Además de sus esfuerzos estrictamente académicos, hizo una traducción de Flores por la poeta chilena Gabriela Mistral y publicó varios artículos sobre los topónimos españoles geográficos de la región noroeste del Canadá y EEUU. Su trabajo sobre los lais fue publicado cuatro veces entre 1954 y 1981. Antes de su muerte volvió a su investigación original de 1941 al preparar su «Fuenfzig Jahre Arcipreste de Talavera Studies: ein Üeberblick», en Zeitschrift für Romanische Philologie, donde puso al día su primer libro.

Von Richthofen fue sin duda uno de los más distinguidos medievalistas y filólogos románicos. Aprovechó sus hondos conocimientos de la literatura clásica, románica, germánica y nórdica para llegar a una mayor comprensión de la gama de temas que abarcó en sus análisis. Conocido entre hispanistas como especialista de la épica y su evolución en las literaturas europeas, en los últimos años de su vida se dedicaba a la aplicación crítica del concepto de sincretismo literario, manera de pensar que ya era implícita en sus todas obras anteriores. En una de las cartas que mandó a Menéndez Pidal incluyó el resumen de un manuscrito de unas seiscientas páginas que esperaba publicar en 1949 con el título Die poetische Sendung der Romanen. Por el esbozo, este ambicioso trabajo incluiría un capítulo sobre el Chanson de Roland, el Poema de Mío Cid y el Perceval; otro empezaría con la lírica llegando a Dante, Tasso, Caro, Michelangelo, Ariosto, Camôes y Ercilla; el tercero incluiría teatro desde Celestina a Lope, Calderón, Molière, Corneille y Racine acabando con Schiller, Goethe, Shakespeare y Voltaire; y el último capítulo abarcaría la poesía simbolista desde La Fontaine y Andersen a Vigny, Gauthier, Verlaine, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Valéry incluyendo además poesía española y latinoamericana. En la misma carta de 1948 añade: «Es probable que me dedique en este invierno a una traducción de los textos sobre los Infantes de Lara en las crónicas según la edición de Vd. Servirá al mismo tiempo de base de una versificación bastante conforme al texto intentado por el joven poeta austríaco Hubertus von Bayer. Así sorprenderemos al público de lengua alemana con los temas magníficos de una leyenda épica europea aquí casi completamente desconocida». Que se sepa estos textos jamás salieron pero se puede ver que ambos podrían haber servido de bases para el resto de su producción académica. Efectivamente, muchos de los temas a tratar aparecen en su último libro La metamorfosis de la épica medieval. Tanto Ivy Corfis como Jesús Rodríguez Velasco en sus reseñas del libro, en Hispanic Review y Bulletin Hispanique respectivamente, reconocieron la originalidad, la aportación y la erudición de von Richthofen «algo que nunca le agradeceremos suficientemente».

La vida personal y profesional de von Richthofen se podría definir como sincrética. Repetidas veces nos mostró que las fronteras lingüísticas y culturales de la Edad Media eran indeterminadas y que la literatura de la época se fundaba en las entrecruzadas raíces que corrían bajo la superficie. En Sincretismo literario dijo que quería «conciliar aspectos que parecen oponerse»; toda su vida quiso reconciliar y buscar armonía para resolver de manera constructiva la polarización filosófica. Erich von Richthofen sintió gran admiración y respeto por su maestro, Menéndez Pidal, a quien ya en 1942 en una carta dio las gracias «por el ejemplo que me ha dado». Cuando se despidieron al estallar la guerra, no pensaban que volverían a verse. Sin embargo, no fue así y los dos estuvieron juntos en Oxford en 1962 para el congreso inaugural de la Asociación Internacional de Hispanistas. Con mucho gusto participó en el primer congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval y nos alentó a sus estudiantes a que participáramos en este importante aspecto de la vida profesional. También debo darle a Erich las gracias «por el ejemplo que me ha dado».

Erich von Richthofen se enfermó en Creta en un viaje a Grecia, un país por el cual siempre sintió afinidad, y murió poco tiempo después, el 27 de diciembre, en Canadá, su país adoptivo, rodeado de su esposa, Eleanor, su «compañera por tierras épicas de Europa y América», su hijo Daniel, muchos amigos, colegas y discípulos. Para los que tuvimos el honor de aprender a su lado, era un maestro lleno de sugerencias, de erudición sin límites, un modelo de integridad a seguir en la carrera y, más importante, en la vida. Era un digno representante de los ideales del humanismo. Sobre todo era un sincero amigo.

Marjorie Ratcliffe